SIN RITMO NO HAY FLAMENCO

El arte flamenco es fundamentalmente ritmo, un ritmo vibrante y muy exigente. Se suele utilizar erróneamente como identificativo de ritmo en el argot flamenco, el término de compás, pero debemos ser mas rigurosos con esta característica musical, ya que las dos son  específicas de la música y por tanto tiene relación el término compás con el ritmo, pues el compás es  la célula mínima que contiene un ritmo musical.

Querer comprender la música flamenca sin saber qué ritmo tiene cada uno de los más de quinientos estilos que conforman este género musical es como querer ver un museo sin luz, a ciegas. Por ello, debemos saber descifrar sus ritmos para conocer la primera y más importante de sus características.

Un hecho muy extendido en el mundo del flamenco es utilizar la expresión “hacer compás de tangos”, o de otro palo o estilo, cuando en realidad se debe hablar de “ritmo de tangos o ritmo de bulerías”. Una célula o compás, que es la mínima unidad que contiene un ritmo y que a su vez nos permite medir los tiempos que distinguen a los ritmos, está determinado por cómo se suceden los sonidos y los silencios y, a su vez, qué sonidos son más fuertes, es decir, cuáles se acentúan y cuáles no. Si comprendemos la forma de medir los compases que tienen los ritmos del flamenco, tendremos la llave para diferenciar sus diversos estilos.

Pero si lo anterior puede inducir a confusión, la cosa se complica aún más cuando descubrimos que esta música tiene ritmos compuestos, es decir, contiene hemiolia de dos tipos y también polirritmos, como los tanguillos de Cádiz.

Estos ritmos del flamenco están emparentados con ritmos ancestrales que en algunos casos tienen su origen en el manantial rítmico que emana de  África.

En el flamenco predominan los ritmos ternarios y, a su vez, estos se pueden diferenciar en solo su acentuación; si el acento rítmico lo tiene el primer tiempo, será ritmo de fandangos, y cuando el acento es en el tercer tiempo, serán sevillanas.

También hay dos grupos de cantes como son las soleares y las seguidillas, que contienen células ternarias asociadas a células binarias y viceversa.

Dicho de otro modo, tenemos compases compuestos por la suma de dos partes ternarias más tres partes binarias. Esta es la esencia rítmica del grupo de las soleares.

Luego está el grupo de las seguidillas que, en síntesis, es una inversión del grupo de las soleares. Primero tres partes binarias y a continuación dos partes ternarias.

Una aspecto muy importante para conseguir casar el ritmo con la melodía es conseguir bailar la melodía pues está integrada en el ritmo. Hay que escuchar la melodía para poder bailarla.

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